En el Día de San Luis Orione, Un Canto a la Vida comparte una visita muy especial al Cottolengo Don Orione de Claypole y al santuario donde se conserva el corazón del santo de la caridad.
La recorrida se realizó en un tiempo en el que la realidad de las personas con discapacidad vuelve a ocupar un lugar central en muchas preocupaciones sociales. Sin entrar en debates coyunturales, la visita permitió volver a mirar una obra que, desde hace décadas, sostiene con amor concreto a quienes más necesitan ser acompañados.
El Cottolengo de Claypole no es solamente un lugar de asistencia. Es una comunidad viva, una obra de fe, servicio, salud, educación, inclusión y caridad cotidiana. Allí, la espiritualidad de San Luis Orione se vuelve visible en cada residente, en cada trabajador, en cada religioso y en cada voluntario.
Durante la recorrida, el hermano Silanes recibió al equipo de Un Canto a la Vida y ayudó a comprender con mayor profundidad la dimensión de esta obra. También presentó el espacio dedicado al hermano Mauricio García, religioso orionita que trabajó con chicos de la calle, en hogares y durante muchos años en el Cottolengo de Claypole. Luego fue trasladado al Cottolengo de Córdoba, donde falleció durante la pandemia de COVID. En Claypole quisieron honrar así sus años de servicio y entrega.
Uno de los puntos centrales de la visita fue el museo moderno del Cottolengo, pensado no solo para conservar la memoria, sino también para contar de manera clara y cercana quién fue Don Orione, cuál fue su misión y cómo su carisma sigue presente en la Argentina. Cada imagen, cada objeto y cada relato ayudan a descubrir una certeza: la obra de Don Orione no pertenece únicamente al pasado; es una respuesta actual, concreta y necesaria.
Allí se comprende que para Don Orione la caridad no era una idea abstracta. Era organización, servicio, presencia, trabajo cotidiano y amor puesto en acción. Una caridad abierta, como él mismo soñaba, “a todos los corazones”.
Durante el recorrido también se recordó el vínculo profundo de esta historia con Mar del Plata. El hermano Silanes explicó que el Cottolengo tuvo su origen espiritual en la ciudad, en Stella Maris, cuando Don Orione comenzó a imaginar una obra inspirada en San José Benito Cottolengo. Desde aquel impulso inicial, arquitectos, religiosos y colaboradores pusieron manos a la obra para dar forma a un proyecto que todavía hoy sorprende por su amplitud y su capacidad de responder a distintas necesidades.
En Claypole, la obra desarrolla una intensa tarea social. Además de los residentes, recibe a jóvenes que viven con sus familias y participan de actividades en centros de día y espacios educativos terapéuticos. Allí no se trata solo de acompañar, sino también de estimular, sostener habilidades, generar vínculos y ofrecer una presencia organizada frente a realidades muchas veces complejas.
Uno de los momentos más profundos de la visita fue la misa en el Santuario del Corazón de San Luis Orione. Junto a residentes, empleados, religiosos y voluntarios, se vivió una celebración sencilla y conmovedora frente al corazón del santo que dedicó su vida a consolar, servir y levantar a los más pequeños.
Después de la misa, el padre Abel Padín, nacido en Mar del Plata, compartió un momento de espiritualidad para los seguidores de Un Canto a la Vida. Desde Claypole, recordó que el Cottolengo es la casa madre de la obra en la Argentina, el lugar donde muchos religiosos hicieron sus primeros votos y renovaron su consagración.
El padre Padín describió una realidad amplia y silenciosa: hogares de mujeres y varones, espacios de atención para religiosos mayores o con problemas de salud, residentes acompañados en su vida cotidiana, un hospitalito con camas de terapia intensiva, atención médica permanente, rondas de enfermería, escuela especial, centro educativo terapéutico, parroquias, capillas, colegios y hogares de acompañamiento para personas en situación de calle.
La obra, explicó, alcanza a una población de más de 100.000 personas a través de sus parroquias, colegios, servicios sociales y espacios de acompañamiento. También cuenta con cientos de trabajadores, entre médicos, enfermeras, profesionales, personal de servicio y voluntarios, que sostienen una tarea marcada por la armonía, la entrega y la providencia.
“La misericordia de Dios nos llena, nos hace felices, y en la medida que damos vamos recibiendo”, expresó el padre Padín. Sus palabras resumen el espíritu profundo de la obra: un servicio persona a persona, hecho de necesidades concretas, manos disponibles y confianza en Dios.
La visita también regaló una sorpresa muy especial. El equipo pudo encontrarse con el padre Jorge Farfán, quien hace más de 15 años fue uno de los impulsores de Un Canto a la Vida. Actualmente se encuentra en recuperación en Claypole y desde allí quiso enviar un saludo y su bendición a toda la comunidad, especialmente a Mar del Plata.
Con emoción, el padre Farfán agradeció las oraciones recibidas durante estos meses y compartió que vive este tiempo con serenidad, aceptación y gratitud por una nueva oportunidad. También recordó los años compartidos en Mar del Plata, intentando transmitir la fe, la caridad, el amor y la fortaleza.
Frente al corazón de San Luis Orione, el padre Farfán valoró el trabajo de Lucía Calcopietro y de la producción de Un Canto a la Vida para seguir dando a conocer el carisma del fundador. Luego impartió una bendición, invitando a vivir la caridad en la familia, entre los amigos y en la vida cotidiana, con respeto, amor y perdón.
Recordar a San Luis Orione hoy no es solamente mirar su historia. Es preguntarnos qué hacemos nosotros frente al dolor, la fragilidad y la soledad de tantos hermanos.
Su mensaje sigue siendo actual porque nos invita a no pasar de largo. A mirar con ternura. A servir con humildad. A reconocer la dignidad de cada persona, especialmente de aquellas que muchas veces el mundo no sabe cómo abrazar.
En Claypole, esa caridad sigue viva. En cada residente, en cada trabajador, en cada religioso y en cada voluntario.
Y en este Día de San Luis Orione, vuelve a escucharse su llamado: hacer el bien siempre, hacer el bien a todos, y confiar en que solo la caridad salvará al mundo.
