El cardenal Emil Paul Tscherrig, una memoria de esperanza para la comunidad de Mar del Plata


La muerte del cardenal Emil Paul Tscherrig, ocurrida el 12 de mayo de 2026 en el Vaticano, invita a volver la mirada sobre una vida puesta al servicio de la Iglesia, de la comunión y de la diplomacia pontificia. Su nombre quedó unido también a la Argentina, donde se desempeñó como Nuncio Apostólico entre 2012 y 2017, en años particularmente significativos para la vida eclesial del país.

Nacido en Unterems, Suiza, el 3 de febrero de 1947, Tscherrig fue ordenado sacerdote en 1974 e ingresó al servicio diplomático de la Santa Sede en 1978. A lo largo de su misión representó al Papa en distintos países y continentes, hasta ser creado cardenal por el papa Francisco en el consistorio del 30 de septiembre de 2023.

Para la comunidad argentina, su figura conserva un valor cercano. En enero de 2012, Benedicto XVI lo nombró Nuncio Apostólico en la República Argentina. Apenas iniciado ese servicio, el 1 de febrero de 2012, visitó la Parroquia San José con motivo de la 39ª Marcha de la Esperanza, donde fue entrevistado por la periodista Lucía Calcopietro para un registro que hoy vuelve a tener una fuerza especial.

Aquella conversación sencilla, realizada en el marco de una celebración de fe, permite escuchar todavía el corazón pastoral de un diplomático de la Santa Sede que no hablaba desde la distancia, sino desde la cercanía de quien llega para confirmar a una comunidad en el camino de la esperanza.

“Realmente con mucho orgullo recibimos en nuestra parroquia aquí al Nuncio Apostólico. Él nos trae el mensaje de Su Santidad Benedicto XVI”, introducía Lucía Calcopietro, en nombre de la comunidad.

El entonces Nuncio respondía con gratitud y alegría por poder participar de aquella expresión de fe. Decía estar feliz de celebrar ese testimonio junto a la Iglesia local, y explicaba que su presencia tenía un sentido profundo: confirmar la comunión que existe en la Iglesia Católica entre el Santo Padre y las Iglesias particulares.

Sus palabras, dichas con tono sereno y fraterno, encontraban en la Marcha de la Esperanza una imagen muy concreta de la vida cristiana. Recordaba que Benedicto XVI era, de algún modo, el Papa de la esperanza, porque su segunda encíclica, Spe salvi, estaba dedicada precisamente a la esperanza cristiana.

“La marcha es para mí expresión de un testimonio muy lindo de nuestra fe”, decía Tscherrig. Y añadía una idea que hoy, al recordarlo, adquiere un valor casi testamentario: somos un pueblo en camino en este mundo, pero con una meta, y esa meta es Jesucristo.

También quiso subrayar la presencia de María en ese camino. Para Tscherrig, la comunidad creyente no camina sola: está acompañada por la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y madre nuestra. En esa afirmación sencilla se unían la dimensión pastoral, mariana y profundamente eclesial de su mirada.

Al despedirse, dejó una bendición para la comunidad orionita. “Que el Señor bendiga toda la comunidad”, expresó, cerrando un encuentro breve, pero cargado de sentido espiritual.

El papa León XIV, al enviar sus condolencias por su fallecimiento, recordó con gratitud el fiel servicio del cardenal Tscherrig como representante pontificio en diversos países y luego como miembro de organismos de la Santa Sede. Vatican News destacó que el Papa lo evocó como un “ministro del Evangelio” que amó a la Iglesia.

La Conferencia Episcopal Argentina también expresó su pesar por la muerte del cardenal, recordando especialmente su paso por el país y su servicio como Nuncio Apostólico. Su misión en la Argentina coincidió con un tiempo histórico para la Iglesia: fue el representante pontificio en el país durante el momento en que el cardenal Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa con el nombre de Francisco.

Hoy, al recuperar aquella entrevista de 2012, la memoria de Emil Paul Tscherrig no queda reducida a una biografía diplomática. Vuelve como presencia cercana, como palabra de comunión y como testimonio de esperanza.

En tiempos en que tantas comunidades buscan renovar su fe, su mensaje conserva actualidad: caminar juntos, acompañados por María, con la mirada puesta en Jesucristo.

Porque la esperanza cristiana —la que él quiso reconocer en aquella marcha— no es optimismo pasajero. Es la certeza de un pueblo que avanza, canta, reza y confía.

Y en esa memoria agradecida, la comunidad de Mar del Plata vuelve a decir: "en marcha iremos cantando."

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