Un Canto a la Vida visitó la casa de las Misioneras de la Caridad, donde Mons. Ernesto Giobando presidió la misa y dialogó sobre el legado de Santa Teresa, la presencia de Dios en las periferias y la esperanza ante la venida del Papa León XIV.
En el Día de Santa Teresa de Calcuta, Un Canto a la Vida visitó el Hogar María Reina de la Paz, la casa de las Misioneras de la Caridad en Mar del Plata, una obra que recibe y acompaña a personas enfermas, sin recursos, en situación de calle o sin familiares que puedan cuidarlas. Allí, las hermanas brindan alimento, medicación, ropa, cuidado, cariño y acompañamiento espiritual, fieles al carisma de Santa Teresa: reconocer a Cristo en los más pobres y servirlo con gestos concretos de amor. En ese marco, Mons. Ernesto Giobando, obispo de Mar del Plata, presidió la celebración eucarística y luego conversó con Lucía Calcopietro sobre el sentido de esta presencia silenciosa de la Iglesia en la ciudad.
Mons. Giobando: “Dios está también en los rincones”
Al comenzar la entrevista, Lucía destacó la belleza espiritual de este lugar, alejado del centro visible de la ciudad, pero profundamente cercano a quienes más necesitan ser acompañados.
Mons. Giobando definió a Santa Teresa de Calcuta como “un regalo para la Iglesia y para todo el mundo”, por su amor preferencial por los más pobres y por haber mostrado a Jesús presente en la tierra a través de una entrega concreta.
“En las periferias a veces también nos encontramos con el amor de Dios”, señaló. Y agregó: “Creemos que todo pasa por el centro, por la luz, por el brillo, pero Dios está también en los rincones”.
Para el obispo, esos rincones muchas veces escondidos son lugares donde la misericordia se vuelve visible. Allí, dijo, las hermanas realizan “una obra muy grande y muy delicada”, no como empleadas, sino como mujeres consagradas: “Eso es un signo de la vida de Dios en este mundo”.
La conversación también abrió una mirada sobre la esperada venida del Papa León XIV a la Argentina. Mons. Giobando dijo que la Iglesia lo aguarda “con un corazón muy agradecido” y confió en que su palabra llegue a muchos corazones en un tiempo de polarización y división.
“La palabra del Papa, que es la palabra de la Iglesia, creo que va a llegar a muchos corazones para lograr también un cambio que necesitamos”, afirmó.
La Madre Superiora: “Tratamos de brindar comida, medicación, cariño y la vida de Dios”
La visita continuó con el testimonio de la Madre Superiora de la casa de las Misioneras de la Caridad en Mar del Plata. Lucía presentó el lugar como un verdadero “paraíso”, cercano a la ciudad y al corazón de quienes necesitan cuidado.
La Madre Superiora explicó que en la comunidad son cinco hermanas y que trabajan con “los más pobres de los pobres”, acompañando a personas enfermas, muchas de ellas en situación de calle, provenientes de hospitales o sin familiares que puedan cuidarlas.
“Tratamos de brindar lo más importante: damos la comida, medicación, cariño, ropa y la vida de Dios”, expresó.
Para las hermanas, el servicio no se limita a cubrir necesidades materiales. El centro de su misión es ayudar a que cada persona vuelva a descubrirse amada por Dios. “Lo más importante es que uno tenga la vida de Dios en sí”, señaló.
También recordó que muchas personas llegan sin conocer a Dios o sin estar reconciliadas con Él, pero al recibir amor y cuidado pueden experimentar “cómo Dios las ama”.
Consultada sobre cómo colaborar, fue muy clara: invitó a acercarse personalmente, conocer la casa y ver de qué manera ayudar. “No pedimos que la gente pida plata en nuestro nombre”, aclaró. “Decimos que venga para ver, para conocer el lugar y para ver en qué manera puede ayudar”.
La homilía: cuando Cristo mira desde el pobre
Durante la misa, Mons. Ernesto Giobando dedicó su homilía a contemplar la vida de Santa Teresa de Calcuta y el llamado que su testimonio sigue haciendo a la Iglesia.
“Voy a tener que hablar de la Madre Teresa, algo que siento que siempre me queda muy grande hablar de una santa así”, comenzó diciendo. Luego destacó que las Misioneras de la Caridad casi no hablan de su carisma, sino que lo viven: “Ellas casi no hablan, pero viven el carisma, y eso es lo más importante”.
El obispo recordó el momento decisivo en la vida de Santa Teresa: el encuentro con un hombre abandonado en las calles de Calcuta. Para Mons. Giobando, no fue simplemente Teresa quien miró a ese hombre, sino que en él fue Cristo quien la miró a ella.
“Ese hombre tirado al borde del camino miró, porque en ese hombre tirado en la calle estaba Cristo”, expresó. Y agregó: “Cuando uno se deja ver por Jesús, si uno deja que Jesús ponga los ojos en su vida, todo cambia maravillosamente”.
Desde allí advirtió sobre el peligro de la indiferencia. “La Madre Teresa no pasó de largo”, dijo, recordando que muchas veces ante una persona caída o necesitada seguimos caminando. “El Papa Francisco nos hablaba de la cultura de la indiferencia, y eso es un peligro”.
Para el obispo, el amor cristiano no es solo afecto, sino acción. “En cristiano, amar es hacer el bien”, afirmó. Y recordó que ser cristiano implica buscar el bien incluso de quienes no conocemos o de quienes no nos quieren.
En otro momento fuerte, retomó una imagen del Papa León XIV: “Desarmemos las palabras”. Explicó que muchas veces las palabras se cargan de violencia y “se transforman en balas que hieren y lastiman”.
Volviendo al profeta Isaías, recordó que el verdadero ayuno es soltar cadenas injustas, aliviar cargas, compartir el pan y no desentenderse del hermano. En ese camino, afirmó que el amor cristiano sana y libera interiormente.
Finalmente, destacó una enseñanza central de Santa Teresa: servir con alegría. “No nos reímos de la pobreza ni de la miseria, sino que tenemos que servir con una sonrisa”, dijo. Y concluyó: “Hacerlo con una sonrisa, hacerlo con alegría interior, eso es caridad”.
Un amor que sigue hablando
La casa de las Misioneras de la Caridad en Mar del Plata está ubicada en Madre Teresa de Calcuta 4190, Barrio Parque Palermo. Quienes deseen colaborar pueden acercarse personalmente para conocer la obra y consultar allí de qué manera ayudar; las hermanas aclararon que solo reciben colaboraciones en su casa, de manera presencial, y que no hay personas autorizadas a pedir dinero en su nombre, ni alias, ni cuentas bancarias habilitadas para solicitar aportes por ellas. En el Día de Santa Teresa de Calcuta, su testimonio vuelve a recordar que la fe se vuelve verdadera cuando se transforma en servicio, presencia, ternura y amor puesto en obras.
Lucia Calcopietro
